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Pepe Monteserín

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La Mar de Oviedo

 

 

 

Publicado: 16/05/2012

 

A Asturias le cayó Europa encima y, más que políticos o economistas necesitamos cirujanos, si no es que a los mismísimos San Cosme y San Damián. Suerte tiene Gijón, me parece a mí, con su alcaldesa. El pasado noviembre, a uno de Priorio que paseaba por el pico La Medina lo atropelló y despanzurró una carroceta; un conocido médico de Oviedo que tomaba baños en Las Caldas acudió raudo, vio las esparcidas tripas del accidentado y, al observar que las ratas del Gafo habían devorado el píloro y parte del duodeno, decidió sacrificar una cabra que venía de pacer en La Lluera; extrajo el estómago enterito del animal y se lo trasplantó al herido, le suturó la barriga y un taxista de Caces lo llevó al Hospital. El hombre ya ha sido dado de alta; hoy me dijo su esposa: «¡No sólo se curó, está dándome tres cuartillos de excelente leche todos los días!».

 

 

 

 

 

Publicado: 15/05/2012

 

Mira por cuántas, hoy, Día de la Familia, asistiré en Las Caldas a una primera comunión por lo civil, en honor de Anxana, que ya había sido mojada ahí, en un bautismo laico, con agua caliente oligometálica. Asistirán a la ceremonia sus padres biológicos, que la han cedido en adopción a un matrimonio de padre y padre, quienes me invitan; también acudirán sus anteriores esposas, aunque esos enlaces fueron invalidados por la Iglesia años después, y conoceré a varios hijos de uno y otro, fruto de esos maridajes nulos, así como a otras hijas de cada mujer, cosecha de bodas posteriores; no faltarán el esposo de una, el ex de la otra, divorciada, y un novio de ésta, otra vez enamorada. Anxana vestirá traje blanco, de novia de Cristo, pero descristianada, de pollita enamorada de la luna de la Mostayal; a ella regalaré un rosario profano que hice con bígaros fósiles de la Belonga.

 

 

 

 

 

Publicado: 14/05/2012

 

En un momento de su disertación la pasada semana, en la Cátedra Alarcos, Pascual preguntó al público: «¿Me estoy exprimiendo bien?». Sonaba a chiste, pero «exprimir», según el diccionario de la RAE, también significa manifestar pensamientos. Sí, Pascual estaba exprimiéndose bien, como Fernando de Herrera, al referirse con esa acepción a Garcilaso, o como lo hicieran el Marqués de Villena y Jovellanos. Veremos si hoy (domingo) se exprimen Fernando Alonso, el Oviedo y el Praviano, casi los primeros en su categoría, y si esta semana los políticos se exprimen, en el amplio sentido de la palabra. Pero, lo dijo el bachiller Sansón Carrasco, para gobernar ínsulas por lo menos han de saber gramática, y salvo a Jorge Menéndez Vallina, nuestro concejal de Cultura, invitado en la mesa como patrocinador, a ningún político vi en el Aula Magna.

 

 

 

 

 

Publicado: 13/05/2012

 

De la conferencia de José Antonio Pascual, promovida por la Cátedra Alarcos, traigo la palabra «lercha», que la RAE, con fe sin igual, consagró tras su prolija lectura del Quijote. El texto cervantino (II. Cap. X) es éste: «¡Oh canalla! -gritó a esta sazón Sancho- ¡Oh encantadores aciagos y malintencionados, y quién os viera a todos ensartados por las agallas, como sardinas en lercha!». Los peritos acogen con júbilo este único ejemplar del océano literario y definen «lercha»: «Junquillo con que se ensartan aves o peces muertos, para llevarlos de una parte a otra». Pascual asegura que fue una errata de la 1ª edición: donde ponía «lercha» quería decir «percha». Estos enriquecimientos léxicos, que aprovechan los académicos para su mayor gloria, recuerdan a la revalorización de activos de Bankia, con balances plagados de lerchas.

 

 

 

 

 

Publicado: 12/05/2012

 

Buena nota tomé de «Los diccionarios también se equivocan», conferencia que, promovida por la Cátedra Alarcos, José Antonio Pascual dictó en el Aula Magna de nuestra Universidad. Una de las muchas palabras que salieron a la palestra fue «zapeo». Este catedrático de Lengua Española defiende el historicismo, la búsqueda del origen, y critica la escueta definición con que los diccionarios despachan las palabras; sin embargo denuncia también a la RAE cuando ésta, en un alarde patriótico, resuelve la etimología de «zapeo» como una adaptación del inglés «zapping», cambio de canal en la tele, sumado al influjo del castizo «¡zape!», interjección con la que ahuyentamos al gato o denotamos el propósito de no exponernos a un riesgo amenazante. Por ejemplo, cuando se trata de proteger la enseñanza pública, Rajoy zapea, y España zapica.

 

 

 

 

 

Publicado: 11/05/2012

 

José Antonio Pascual, en su conferencia «Los diccionarios también se equivocan», convocada por la Cátedra Alarcos con título más esotérico, pretende que el diccionario sea interpretativo, que explique desde la historia y no con escuetas definiciones. Entre otros desasosiegos citó «albogue», según la RAE una flauta, pero también: «Cada uno de los dos platillos pequeños de latón que se usan para indicar el ritmo en los bailes», basada en este texto del Quijote (LXVII, 2ª): «¿Qué son albogues -preguntó Sancho-, que ni los he oído nombrar, ni los he visto en toda mi vida?». «Albogues son -respondió don Quijote- unas chapas a modo de candeleros de azófar, que, dando una con otra por lo vacío y hueco, hace un son». El Quijote quiso decir flauta y la RAE la armó mal, no sopló y, por revalorizar activos, tiró de largo y añadió platillo. Como la banca.

 

 

 

 

 

Publicado: 10/05/2012

 

En Muros descerrajaron las arquetas del paseo del Espíritu Santo y, sin encomendarse a éste, robaron 600 metros del cobre de alumbrado; hace cuatro días sucedió en Barro, en Quintas del Mar, antes en Colloto, en El Cristo y en Los Pilares, en Oviedo, y mucho antes, hace seis mil años, cacos sumerios birlaron el sistema de riego de una urbanización en Mesopotamia y otra en el Valle del Nilo. En esas estamos desde el Eneolítico, y sobre todo desde que en 1831 Faraday inventó el generador eléctrico, que convirtió al cobre (chatarrable y buen conductor) en metal estratégico. Hoy en la Bolsa de Metales de Londres se cotiza a 6.500 euros la tonelada. Sépalo el Banco Central Europeo: para empezar bien las cosas es fundamental tener dinero; su poder supera siempre el de cualquier esfuerzo humano. Cobre gana cobre, y no huesos de hombre.

 

 

 

 

 

Publicado: 9/05/2012

 

Los terrenos de La Vega eran de Alfonso VII; él los cedió para que Doña Gontrodo, con quien tuvo una hija, Urraca, fundara en 1153 el Monasterio de Santa María, y acogiera a la benedictina y pujante Orden de Fontevrault; de la Abadía de Fontevrault (Anjou), vinieron la priora y las monjas, y Doña Gontrodo tomó los hábitos y permaneció con ellas hasta su muerte, en 1186; puede verse su sepulcro en nuestro Arqueológico. Del Monasterio se conserva el pórtico de la capilla de Santa Bárbara, el resto desapareció con el establecimiento de la Fábrica de Armas, en 1856, después de que las religiosas fueran exclaustradas, tras setecientos años rezando ahí, para ser acogidas en el cenobio de San Pelayo. La Vega, pues, no pertenece a las Pelayas sino a los herederos de Alfonso VII, es decir, a Juan Carlos I. Buen solar para cementerio de elefantes.

 

 

 

 

 

Publicado: 8/05/2012

 

Excelente la última entrega, una novela corta, de Luis Arias Argüelles-Meres, publicada por Septem. Inequívoca prosa del de Lanio, de dobles negaciones, logradas paronomasias, digresiones pertinentes y honradas, implícitos y explícitos homenajes a escritores y poetas, humor, pudor, intriga, sorpresa, didácticas epítomes y anacefalcosis y cautivadoras reflexiones (cigarrillos, acción y contemplación, generaciones del 68 y del 98, libros prohibidos, ficción y mentira, buenas intenciones, el novelista del yo, novela histórica, literatura infame...), en una historia de amor respaldada por la «Eterna presencia» de Pedro Salinas, y ¡mucho escote!, que disfruta Lorenzo Casares, narrador y alter ego de Luis. En «Pudorosa penumbra» se conjugan de manera brillante, el «prodesse» y el «delectare» horaciano, ahí citado. Luis escribe y enseña que da gusto.

 

 

 

 

 

Publicado: 7/05/2012

 

Uno llega cansado los viernes al concierto de la OSPA, tras una larga semana de trabajo y, en ocasiones, se duerme, especialmente con cierto tipo de música programática, como la de Peter Lieberson, que pretende ser más que música y consigue ser menos. Lieberson no estuvo a la altura de Neruda de quien escogió cinco de sus «Cien sonetos de amor» para que los interpretara su esposa, la mezzo Lorraine Hunt; a nosotros nos los cantó en Oviedo un Joshua Hopkins desperdiciado. Me aburrió el barítono, me durmió y no desperté hasta el falso final de la «Patética» de Tchaikovski, tercer movimiento que aplaudí a rabiar cuando no correspondía, porque aún faltaba el «adagio lamentoso». Poner música a Neruda y, aún menos, cantarlo en plan lírico, casi recitado para que se entienda, no hay quien lo entienda. Es como hacer con hostias un bocata.

 

 

 

 

 

Publicado: 6/05/2012

 

El viernes, parte de la OSPA interpretó a Igor Stravinsky con el escenario del auditorio lleno de sillas, atriles e instrumentos arrumbados; al fondo comparecían los trabajadores del metal: flautistas, clarinetistas, fagotistas, trompistas, trombonistas, trompetistas, oboístas y un tubista, pero faltaba todo el personal encargado de cuerdas, maracas y baquetas. Desolador. Cuando Ogren contempló semejante desaire (o descuerde) bien creí que iba a pasar lista. No lo hizo. Dirigió a los presentes sin un mal gesto y le sobraron manos. La cosa viene de atrás, Igor lo dejó escrito así, para abaratar costes el día de su estreno, en 1920, en plena posguerra. Ahora, en plena pospaz, reescribiremos partituras para hombre-orquesta, con escoba en el culo y bayetas en los pies. Abarataremos, pero, ¿a qué precio? ¿Qué hace el resto sin otros pitos que tocar?

 

 

 

 

 

Publicado: 5/05/2012

 

En las últimas semanas tuve la oportunidad de recorrer las Vascongadas y disfruté con los atascos en las carreteras, detrás de los camiones de gran tonelaje, con los desvíos provisionales por obras y con las dificultades de aparcamiento en localidades donde la actividad industrial y comercial es frenética. Tomás López Fragoso, profesor mío en la asignatura de Instalaciones, en la Escuela de Arquitectos Técnicos de La Laguna, decía que a él le gustaba más el ruido de una hormigonera que una folía de Los Sabandeños o el «Minuetto» de Boccherini. Yo, escandalizado, puse el grito en el Teide. Hoy comprendo aquellas palabras y apoyo desde aquí a Severino García Vigón (FADE), a Justo Rodríguez Braga (UGT) y a Antonio Pino (CCOO) para que urjan a nuestros políticos a que enchufen la hormigonera y acaben con este silencio insoportable.  

 

 

 

 

 

Publicado: 4/05/2012

 

En «Amarcord», de Fellini, vecinos de El Borgo embarcan una noche en sus lanchas para, mar adentro, ver pasar una inmensa nave empavesada de luces, que se desliza ante ellos como un sueño. Un ciego pregunta: «¿Cómo es?», «Blanca», le dice uno; y el ciego se quita las gafas negras con la absurda esperanza de entrever algo entre las cataratas de sus ojos; la Gradisca, actriz frustrada, llora porque pretende entregar su corazón a algún pasajero rico, pero el «Rex» se aleja y llegan a las barquitas y las zarandean las olas de su gran estela. Así reviví mi viaje a Avilés para ver cómo el «Braemar» cruzaba y seguirlo, al atardecer, San Juan de Nieva allá, hasta que se confundió con las constelaciones. Así digerí la maravilla, lloré y me emocioné porque, como la Gradisca, creo que nuestra salvación depende de los pasajeros del «Braemar».

 

 

 

 

 

Publicado: 3/05/2012

 

Invitado al rally Maastricht-París, me amarré en el asiento trasero de un coche; las mozas que lo pilotaban sustituían las ambiguas palabras «derecha», «izquierda», «de frente», por otras mucho más precisas, adaptadas a la alta velocidad: «Por aquí» (de frente), «por allí» (izquierda), «por acá» (derecha), «¡por acá, por acá!» (derecha muy cerrada); es más, a medida que la carrera iba poniéndose peliaguda, afinaban su jerga, y en aquel paraje iluminado por el amarillo furioso de la colza, todas esas expresiones se acrisolaron en un único morfema en que los matices o su repetición más o menos perentoria cambiaba el significado; la voz era «tuerce». «¡Tuerce, tuerce, tuerce!». Y al atardecer, aunque la sombra del coche iba torcida, a meta llegamos bien derechos, a base de «tuerce». No sé si los machos somos la sombra pero de ellas será nuestro futuro.

 

 

 

 

 

Publicado: 1/05/2012

Mañana volveré a la actualidad local. Por mi estancia en Bélgica (acompañé a las voces rosas del «Conservatorio Valle del Nalón»), visité en Bruselas el palacio imperial donde abdicó Carlos I en favor de su hijo Felipe. El rey quería descansar pero las guerras con franceses y otomanos y la vida de su hermana Juana, heredera del trono antes que él, le obligaron a demorarlo. Abdicar requería, además, explicaciones muy convincentes; he aquí el informe del médico: «Su majestad padece un mal terrible que le toma el cuerpo desde la corona a los calcáneos; encógensele los nervios con dolores intolerables y penetra en los huesos hasta calar los tuétanos convirtiendo en piedras las coyunturas. Debilitado, sin fuerzas ni caudal, tormentos continuos le atraviesan el alma y vive un crudo y largo martirio». Podría seguir su ejemplo, pero no veo a Juan Carlos I rezando en Yuste.

 

 

 

 

 

 

 

Publicado: 1/05/2012

Tavo, factor de la estación ferroviaria de Fuso de la Reina, muy querido, cuidaba rosas en la ribera del Nalón, al pie de Peña Avis, cuando se le acercó un psicólogo de Oviedo, encargado de cubrir estadillos para el Vasco-Asturiano, empresa que empezaba a preocuparse por el bienestar de sus trabajadores. «¿Cuántas horas tiene su jornada laboral?», le preguntó. «Ocho horas, señor. Cinco días a la semana». «¿Siempre ocho horas? ¿Los cinco días?». «Sí, siempre lo mismo». «¿Nunca le interesó promocionarse o, por el contrario, pedir alguna excedencia o reducción de horario?». «No, nunca». «¿Por qué motivo?». «Porque si trabajara menos de ocho horas no tendría dinero para comprar rosas y si trabajara más no tendría tiempo para cuidarlas». Me dicen que en la huerta de Fuso ya no hay rosas, que Tavo se jubiló y ahora trabaja a destajo.

 

 

 

 

 

 

 

Publicado: 30/04/2012

«Tiene usted que asegurarme», dijo su asistenta a Inés, esposa de un hematólogo; y quería un plus por los desplazamientos hasta el lugar de trabajo, un chalet en Sograndio, y quería un seguro de accidentes y... «También yo quería un coronel pero no me quiso él», la interrumpió Inés con el pareado. Entonces, la asistenta saltó: «¿Cómo? ¿Quiere usted un coronel, teniendo un marido médico? Yo limpié muchos años para militares de la Fábrica de Armas de Trubia y los conozco bien. ¡Déjese de coroneles!». Mateo Alemán decía que donosa está la milicia para aficionarse a ella. De otra manera, sabemos que Aristóteles llegó a plantearse durante muchos años si era lícito tener sirvientes, mientras una muchacha le aparejaba el aposento y le fregoteaba la espalda. Es lícito, eso está claro, pero hay que cotizar, haya o no coronel en casa.

 

 

 

 

 

 

 

Publicado: 29/04/2012

Me preguntan qué significa ser de donde soy. Uno asocia su pueblo natal al descubrimiento de sí mismo y del mundo; el balcón de mi dormitorio donde cagó un gorrión, el rayo de sol que iluminó un velo de polvo en el aire, el aroma de los sanjuaninos, el sabor de una fresa, el pupitre donde discurrí sobre mi naturaleza (cuánto soy de agua, cuánto de pensamiento y de emoción), el sonido del río y el remolino donde me enrosqué, la brisa del mar, la resaca que me quitó la arena bajo los pies, la rubia de ojos azules en el verano gris y la vergüenza de rendirse a ella, la melodía de la tabla de multiplicar, el ladrillo que templaba las sábanas del invierno, las campanadas de gloria y las de muerto, los Reyes de Oriente, el cine del Oeste, los sueños, la nieve, «Black is black»... Ser de donde soy lo es todo, es mi esperanza en el pasado. 

 

 

 

 

 

Publicado: 28/04/2012

Me cuenta un jubilado que en sus últimos años como empleado de Cajastur se escaqueaba porque no era capaz a adaptarse al cambio, a la sustitución de las máquinas de rabil y los libros del debe y el haber por los grandes ordenadores, el papel perforado y los disquetes; era él más de puntear con el lápiz, de aprenderse el periódico y de tomar el pincho a media mañana. Aunque había estudiado Derecho y Económicas, me decía que su íntima aspiración en esa entidad pasaba por ser algún día jefe de almacén, para limitarse a recibir los rollos de papel higiénico, desenrollarlos, uno por uno, comprobar si daban la medida anunciada y descontar en la factura la parte alícuota de los que se quedasen cortos; y añadía: «Sería yo dichoso clasificando gomas: las largas con las largas, las cortas con las cortas...». Hoy cobra una buena pensión el infeliz.

 

 

 

 

 

 

 

Publicado: 26/04/2012

 

Defensa alquiló a G. Dynamics el solar de La Vega, debajo del Campo los Patos; doce hectáreas para, según contrato, fabricar obuses, misiles «dispara y olvídate» y otros cartuchos de arrase y aniquilamiento, con la exclusión para los arrendatarios de realizar trabajos nocivos o que entrañen incomodidad en el entorno; nada de talleres de chapa y pintura ni subarriendos para chuquisas y peliforras. Pero explotó la burbuja bélica, España se desarma y Dynamics redujo la producción y rescindirá el acuerdo, por más que los sindicatos promuevan conflictos, agiten la hoz y postulen sus pancartas que la guerra es el motor de la economía. El ministro Morenés, que apuesta por la diplomacia y quiere resolver las cosas por las buenas, debería promover la educación y hablar con Vicente Gotor, o con Fernando Beltrán, para ampliar el Aula de las Metáforas.

 

 

 

 


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